Detrás de los actos extremos de los adolescentes que se separan violentamente de sus familias, hay historias que comenzaron mucho antes del crimen.
Por Patricia Esteves
Siguen siendo niños. Incluso cuando las noticias son impactantes, incluso cuando la tragedia se publica en los titulares con palabras duras como asesinato, sangre y frialdad. Detrás de los actos extremos de los adolescentes que se separan violentamente de sus familias, hay historias que comenzaron mucho antes del crimen.
Historias de silencio, desconexión, sobrecarga emocional, soledad en voz baja en hogares donde se esperaba amor. Es en esta brecha invisible, entre lo que los padres consideran aceptable y lo que sus hijos ya no soportan, que algo se rompe. Y cuando se rompe, a veces ya es demasiado tarde.
En los últimos meses, Brasil se ha visto consternado por casos extremos de violencia doméstica que involucran a adolescentes. En episodios recientes , menores han arrebatado la vida de sus padres, hermanos y abuelos, casi siempre con justificaciones relacionadas con normas, límites o la pérdida de privilegios, como el uso del celular o las restricciones en las citas en línea.
Si bien estas tragedias representan un caso atípico, plantean una alarma sobre lo que puede estar descuidándose en muchos hogares cristianos: la salud emocional de los niños.
El agotamiento emocional en los adolescentes no siempre se presenta con la fuerza de una crisis visible. A menudo, se instala de forma silenciosa y puede pasar desapercibido durante meses. Para el psicólogo Francisco Regio, diácono del Ministerio Cambio de Vida, en São José do Rio Preto/SP, este proceso puede manifestarse de forma sutil, de la que los padres se percatan demasiado tarde.
A veces, el agotamiento emocional en los adolescentes es silencioso. Puede manifestarse como una apatía repentina: pierden el interés en actividades que antes disfrutaban, se vuelven más irritables de lo habitual sin motivo aparente y su estado de ánimo fluctúa como una montaña rusa, explica.
Además de los cambios emocionales, otras señales preocupantes incluyen cambios en el sueño, aislamiento de amigos y familiares, dificultad para concentrarse e incluso cambios en la dieta. «Detrás de esto, puede haber una enorme presión escolar, conflictos con los compañeros, ansiedad intensa o incluso depresión silenciosa», explica el especialista. «Es como si su mochila estuviera tan llena que ya no pudieran cargar con el peso», lamenta.
Según la encuesta TIC Kids Online Brasil 2023, publicada por el Comité Gestor de Internet de Brasil (CGI.br), el 33 % de los adolescentes de 11 a 17 años afirmó haberse sentido triste o deprimido por alguna experiencia en internet. La encuesta también muestra que el 17 % afirmó haber practicado alguna forma de autolesión y el 28 % declaró sentirse solo con frecuencia.
Cuando el dolor se expresa con violencia
No todos los adolescentes agresivos gritan o rompen cosas. En muchos hogares, la violencia emocional se esconde en comportamientos que parecen normales, pero que revelan una grave dificultad para gestionar la frustración.
“La violencia adolescente no siempre se trata de gritos y agresión física. A menudo se esconde en un sarcasmo mordaz, una desobediencia obstinada que parece desafiar a la autoridad solo por el gusto de hacerlo”, dice Francisco Regio. “Puede ser ciberacoso, donde la crueldad se esconde tras una pantalla. O, peor aún, puede ser autolesión, una forma silenciosa y desesperada de lidiar con el dolor interno”, explica.
Según él, en las familias donde el afecto no se verbaliza, donde los conflictos se resuelven con gritos o indiferencia, estas formas de violencia acaban normalizándose. «Es como si la violencia fuera el único idioma que conocen», explica.
La encuesta más reciente del Foro Brasileño de Seguridad Pública (2023) revela que casi el 13 % de las denuncias de violencia doméstica contra padres o tutores son cometidas por hijos o hijastros. Esto indica que el conflicto intergeneracional también debe analizarse desde una perspectiva emocional y conductual, y no solo desde una perspectiva disciplinaria.
La Biblia dice que «la blanda respuesta quita la ira» (Proverbios 15:1), y esto también aplica al hogar. Cuando el diálogo se sustituye por gritos, o cuando se impone la autoridad sin escuchar, el vínculo se rompe. En lugar de la confianza, crece el miedo o el resentimiento.
El suelo emocional de la infancia
La prevención comienza antes de la adolescencia, cuando las emociones aún se nombran y los niños aprenden a responder a sus sentimientos con palabras, no con impulsos. «Para criar a un adolescente emocionalmente equilibrado, la infancia debe ser un terreno fértil. Esto implica una comunicación abierta y honesta, donde las emociones, incluso las negativas, se aceptan y validan», afirma la psicóloga.
Los límites claros son tan importantes como el afecto constante. «Los abrazos y las muestras de cariño demuestran seguridad y pertenencia. Los límites claros, pero establecidos con amor y comprensión, ayudan a los niños a sentirse seguros y guiados», afirma Francisco Regio. En este entorno, los niños aprenden a reconocer lo que sienten, a pensar antes de actuar y a pedir ayuda cuando se sienten abrumados.
Espiritualidad y equilibrio emocional
Vivir la fe en casa puede ser un factor de equilibrio, pero también debe llevarse a cabo con sensibilidad. «Para los padres cristianos, la unión de la fe y la salud emocional es fundamental», afirma la psicóloga. «No se trata de espiritualizar el sufrimiento, ignorar el dolor real ni descuidar las necesidades emocionales del niño en nombre de la fe».
El entorno espiritual debe ser acogedor, no opresivo. La oración y la enseñanza bíblica tienen su lugar, pero no sustituyen el cuidado emocional ni la búsqueda de apoyo profesional. «Si su hijo tiene dificultades emocionales, buscar ayuda de psicólogos y terapeutas no es signo de debilidad, sino de sabiduría y amor. Es integrar la fe con la realidad, cuidar el alma y el cuerpo, con la ayuda de Dios y la comunidad», advierte Francisco.
Reconocer las señales no significa temer lo peor, sino actuar con prontitud. Cuidar la salud emocional de tus hijos también es un acto de fe, un ejercicio de responsabilidad y una forma concreta de amar.
FUENTE https://comunhao.com.br/pais-devem-estar-atentos-ao-silencioso-desgaste-emocional-dos-filhos/







