Hoy, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, recordamos a las cristianas perseguidas cuyas vidas han sido marcadas por episodios de violencia, pero que mantienen la confianza en el Señor y la certeza de que su amor es capaz de sanar cualquier herida.
Una de esas mujeres es Dorinda, una joven viuda cristiana de Nigeria. Su historia, lamentablemente, es común en el actual contexto de violencia del país. Muchas viudas y huérfanos deben lidiar al mismo tiempo con el dolor del duelo, el miedo a nuevos ataques y la preocupación por su sustento.
Dorinda tenía 21 años cuando su esposo murió en uno de los ataques de extremistas en la región central de Nigeria. En ese momento, Dorinda estaba embarazada y recuerda haber escuchado sonidos de disparos mientras su esposo preparaba la cena para la familia en la noche de Navidad.
Los soldados lograron contener el ataque de los yihadistas e impidieron que invadieran el poblado de Dorinda, pero el miedo hizo que toda la comunidad permaneciera en alerta. Algunos días después, Dorinda fue a la casa de su suegra en Bokkos, en el estado de Plateau, mientras su esposo decidió quedarse para proteger la casa donde vivían.
Esa misma semana, militantes atacaron un poblado cercano, matando a los residentes y quemando sus casas. Continuaron atacando poblados, uno tras otro. Cuando la situación pareció calmarse, el esposo de Dorinda fue a verificar si todo estaba bien en la plantación de la familia. Fue emboscado y asesinado en el camino.
La vida después de la pérdida de su esposo
Sin ingresos y con un bebé recién nacido, Dorinda tuvo que aceptar pequeñas oportunidades de trabajo que aparecían, ganando poco dinero, el cual era usado para el sustento del bebé, su otro hijo pequeño y su suegra, quien ya no podía trabajar debido a su edad avanzada.
Dorinda oraba con el corazón cargado, luchando contra el duelo y preguntándole a Dios el porqué de tanto dolor. Poco a poco, encontró fuerzas en el Señor, entendiendo que Dios había preservado su vida con un propósito.
Hoy, la cristiana sueña con volver a estudiar para ayudar a otras personas que también enfrentaron pérdidas. Dorinda también tiene una conexión muy fuerte con la música y cuenta que Dios ha usado canciones para hablarle, incluida su favorita: “Él es mi consolador”. Las melodías le recuerdan que el Señor no la abandonó y que vive en su corazón. En la fe, Dorinda volvió a encontrar paz, propósito y el valor para cuidar de sus hijos pequeños a pesar de las dificultades que la violencia le ha traído.
FUENTE https://puertasabiertasal.org/cristianos-perseguidos-noticias/violencia-deja-viudas-y-huerfanos-en-nigeria/








