La resurrección figura entre las doctrinas más importantes del cristianismo. Para Jesús y los apóstoles, la resurrección es la base de la teología del Nuevo Testamento (p. ej., Jn 11:25-26; 1 Co 15:12-58). Es el núcleo de nuestra salvación y la piedra angular de la historia de la redención.
Pero, aunque resulte sorprendente, el Antiguo Testamento no menciona explícitamente la resurrección de los muertos con frecuencia. Si bien algunos pasajes del Antiguo Testamento se refieren a la resurrección (p. ej., Job 19:26-27; Is 26:19; Dn 12:1-2; Ez 37:1-14), esta doctrina fundamental no parece impregnar el Antiguo Testamento.
Sin embargo, cuando los saduceos intentan confundir a Jesús sobre la naturaleza de la resurrección, Él no responde citando a Job, Isaías, Daniel o Ezequiel, sino que cita Éxodo 3:6. Sorprendentemente, Él dice:
Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el pasaje sobre la zarza ardiendo, cómo Dios le dijo: «Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob»? Él no es Dios de muertos, sino de vivos; ustedes están muy equivocados (Mr 12:26-27).
¿Por qué cita Jesús Éxodo 3:6, un pasaje que no parece referirse a la preciosa doctrina de la resurrección? La elección de Jesús de Éxodo 3:6 puede parecer desconcertante al principio, pero cuando comprendemos su significado en el contexto original del Antiguo Testamento, descubrimos cómo entiende Jesús la naturaleza de los pactos de Dios y por qué lo cita. Éxodo 3:6 se refiere a la fidelidad de Dios hacia Abraham, Isaac y Jacob y su eventual herencia de la nueva creación.
¿Un canon más reducido?
Los comentarios tienen una larga historia de explicar la razón de la referencia de Jesús en la que apela a las creencias de los saduceos. Por ejemplo, a finales del siglo IV, el Comentario sobre Mateo de Jerónimo alega: «Solo aceptaban los cinco libros de Moisés y rechazaban las predicciones de los profetas. Habría sido una tontería, entonces, presentar testimonios [de los profetas], cuya autoridad los saduceos no seguían».
Éxodo 3:6 se refiere a la fidelidad de Dios hacia Israel y su eventual herencia de la nueva creación
Sin embargo, la evidencia clara más antigua que tenemos de que los saduceos creían en un canon más reducido proviene de Orígenes (Contra Celso 1.49) e Hipólito (Refutación de todas las herejías 9.24), ambos del siglo III. Aunque Josefo dice que solo se aferraban a la «Ley» (Antigüedades de los judíos 13.10.6, 18.1.4), aparentemente se refiere a la ley escrita en oposición a la tradición oral. En otra parte, afirma que los judíos creían en los 22 libros de la Biblia hebrea (Contra Apión 1.8).
¿Tiempo presente?
Algunos han visto una explicación en el tiempo verbal de «Yo soy el Dios de…» (Mr 12:26, énfasis añadido). Sin embargo, esta opinión tiene al menos dos defectos graves. En primer lugar, ni el texto griego de Marcos 12:26 (y Lc 20:37) ni el texto hebreo de Éxodo 3:6 contienen el verbo «soy». Es probable que el verbo esté implícito en Éxodo 3:6 y Marcos 12:26, pero si el peso del argumento se basa en esta única palabra, al menos tendría que estar presente. Aunque Mateo 22:32 contiene efectivamente el verbo «soy», parece poco probable que allí se aplique una interpretación diferente a la de Marcos y Lucas.
En segundo lugar, el énfasis en el tiempo presente de «Yo soy» no demostraría el punto en cuestión. En la época de las controversias del templo (y aún hoy), Abraham no había resucitado. El hecho de que Dios sea en el presente el Dios de Abraham no puede exigir la resurrección de Abraham ahora; como mucho, este sería un argumento a favor de un estado intermedio en el que su espíritu existe en la presencia de Dios.
Connotaciones del pacto
La explicación más convincente supone que Jesús tiene en mente el contexto más amplio de Éxodo 3. Allí, Dios se le aparece a Moisés en la zarza ardiente y le anuncia Su plan para rescatar a Su pueblo de Egipto, recordando las promesas del pacto que hizo a Abraham, Isaac y Jacob. Por supuesto, en un sentido estrictamente literal, el monoteísmo implica que YHWH es el Dios de todos. Pero la expresión «Yo soy el Dios de…» connota una relación especial y salvadora en la que Dios mantendrá Sus promesas para el bien del destinatario.
El pacto no se refería a una existencia incorpórea en el cielo, sino a una existencia física, que vivía en la tierra tangible
«Yo soy el Dios de Abraham» implica que Dios actúa como Dios para Abraham, manteniendo Sus promesas del pacto. Por ejemplo, cuando Dios se le apareció a Jacob en Betel, le dijo: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia» (Gn 28:13). Dios prometió la tierra no solo a los descendientes, sino también a los mismos antepasados. Los nombres personales de los patriarcas, destacados en la referencia de Jesús, enfatizan el beneficio individual que obtuvieron del pacto.
El pacto no se refería a una existencia incorpórea en el cielo, sino a una existencia física, que vivía en la tierra tangible. Esta tierra anticipa proféticamente al mundo entero (Ro 4:13). Puesto que Dios prometió la tierra personalmente a Abraham y él no la ha recibido, Jesús espera que Su audiencia concluya que debe resucitar de entre los muertos y recibir su herencia (ver también He 11:19).
Quizá por eso Jesús cita Éxodo 3:6 en lugar de otros pasajes que pueden parecernos más claros. Al hacerlo, revela cómo la resurrección se encuentra en el corazón de la estructura fundamental del pacto de Israel. Creer en la resurrección no era una cuestión de interpretar un texto oscuro, sino de comprender correctamente la naturaleza misma de lo que Dios prometió.
Entonces y ahora, creer en la resurrección es esencial para comprender nuestro papel en los propósitos de Dios. El hecho de que Él sea «nuestro Dios» significa que cumplirá esa misma promesa del pacto con nosotros y nos resucitará corporalmente para heredar la nueva creación física, junto con Abraham, Isaac y Jacob. Al pasar por alto este aspecto de la aparición de Dios a Moisés, estamos «muy equivocados».
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Bruce Henning (Ph. D., Trinity College, Bristol) es profesor adjunto de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Cornerstone y predica en la iglesia Forest Hills Bible Chapel, en Grand Rapids, Míchigan.
fuente https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/logica-resurreccion-antiguo-testamento/








