Es la resistencia silenciosa pero decidida de la voluntad contra la marea de la desesperación.
Por Patricia Esteves
Hay días en que respirar se convierte en un esfuerzo consciente. El cuerpo lo siente, la mente se congela y el alma intenta escaparse con el más mínimo suspiro. Es como si la atmósfera que nos rodea se volviera más densa, más difícil de masticar y casi imposible de tragar. A veces, la tristeza llega, no como una ola repentina, sino como una humedad constante que se acumula hasta el momento en que todo en nuestro interior parece querer cerrarse.
Este sentimiento no es raro en los procesos de duelo intenso. Pérdidas inesperadas, decepciones profundas, enfermedades invisibles como la ansiedad y la depresión, todo se acumula silenciosamente hasta el momento en que surge la pregunta más sincera: "¿Qué trama Dios? ¿Dónde está cuando se acaba el aliento, cuando se acaba la oración, cuando solo queda aguantar?".
La elección de continuar
La imagen que emerge en estos momentos no es la de una fe triunfante. Es la de una fe agotada. Pero sigue siendo fe. El pastor y psicólogo clínico David Zuccolotto describió con precisión esta tensión al describir cómo puede ser una semana marcada por el dolor, los reveses y la tristeza acumulada. «El aire está cargado de tristeza», escribió.
La única respuesta posible era buscar a Dios como se busca el aire, no con fuerza, sino con instinto. Este acto de invocar a Dios en la desesperación no es un grito pasivo. Es un acto de desafío contra la desesperación. Es la resistencia silenciosa pero decidida de la voluntad contra la marea de la desesperanza —declaró—.
Esta discreta resistencia también es espiritual. El Salmo 28 describe el clamor de quien decide orar incluso cuando no ve salida. «A ti, Señor, clamo; tú eres mi Roca; no me cierres los oídos». Hay fe en este clamor, pero no es tranquilo ni sereno. Es tenso, sin aliento, hecho de voluntades fracturadas, pero aún vivo, según él.
Zuccolotto escribe que orar en medio del dolor no es signo de sencillez espiritual, sino de “entrega, no al destino, sino a Aquel que lo gobierna”.
La fe como acto de voluntad
Es común asociar la fe con la ausencia de dolor, como si confiar en Dios excluyera la experiencia del sufrimiento. Pero en las Escrituras, la fe suele ser lo que queda cuando todas las demás certezas se desmoronan. Cuando el apóstol Pablo declara que el poder de Dios se perfecciona en la debilidad (2 Corintios 12:9), señala una espiritualidad que no niega el dolor, sino que se deja moldear por él.
«Cuando eliges buscar a Dios en tu tristeza, estás haciendo algo profundamente contracultural», describe Zuccolotto. Mientras que el mundo ofrece distracción, escape y entumecimiento, el camino de la fe requiere presencia y valentía para permanecer.
Este tipo de resistencia se manifiesta en los gestos más sencillos. Cuando alguien abre la Biblia aunque no la entiende, cuando pide oración porque no encuentra las palabras, cuando se arrodilla aunque no siente consuelo, está practicando una espiritualidad robusta. Esto es lo que Zuccolotto llama «desesperación envuelta en esperanza».
Cuando la oración es sólo un suspiro
A menudo, lo que llamamos oración no es más que un suspiro. Y esto no es menos espiritual. «Dios no espera oraciones perfectas ni una fe refinada. Nos encuentra en el suspiro», dice Zuccolotto. Zuccolotto enfatiza que Dios no responde a la fuerza de las palabras, sino a la honestidad del corazón. «Incluso el más pequeño gesto del corazón hacia Él basta y Él conmueve». Es en este sutil movimiento, en este frágil retorno, donde la fe muestra su fuerza.
Hay días en los que solo queda seguir respirando, aunque cueste. Seguir creyendo que hay un propósito, aunque no lo veamos. En esos momentos, la fe deja de ser una doctrina y se convierte en supervivencia. Se revela en la negativa a rendirse, en la disposición a esperar, en la decisión de no insensibilizarse.
Este camino no es para quienes fingen estar bien. Es para quienes sangran y siguen adelante. Para quienes dicen: «Señor, ayuda mi incredulidad» y siguen caminando. Para quienes, como el salmista, claman desde el valle y no desde la montaña.
FUENTE https://comunhao.com.br/descubra-como-a-fe-pode-ser-uma-forca-para-superar-a-dor-e-a-tristeza/








