En julio de 2025, un ataque devastó la comunidad de Yelewata, una aldea en el estado de Benue, Nigeria. Más de 200 personas fueron asesinadas y miles quedaron desplazadas. Los agresores son extremistas de la etnia fulani, un grupo que ha matado a muchos cristianos a lo largo de la última década.
Las historias sobre los ataques son impactantes. Tesa, una habitante de 60 años, cuenta que, por causa de las amenazas, muchos cristianos comenzaron a dormir en sus tiendas para garantizar la seguridad de su sustento. “Los extremistas incendiaron las tiendas aun con las personas dentro”, dice la cristiana.
Dennis, un agricultor de 31 años, relata que él y su familia decidieron dormir en la iglesia la noche en que ocurrieron los ataques. Tenían miedo porque un ataque reciente en la región había matado a cinco personas.
“Cuando amaneció, fuimos al lugar atacado por los extremistas y vimos a muchas personas muertas. Algunas fueron quemadas dentro de sus tiendas, otras afuera. Mi abuelo fue asesinado en la puerta de su propia tienda intentando escapar. Los militantes le dispararon y lo descuartizaron”, cuenta Dennis.
Dennis, Tesa y miles de personas huyeron con miedo. Virtue (pseudónimo), una colaboradora de campo de Puertas Abiertas, visitó a las familias desplazadas poco tiempo después del ataque. Ella oró con ellas y preguntó cómo podía ayudarlas.
“Cuando llegamos allí, la situación era terrible porque las personas estaban hambrientas. Cualquiera con quien hablaras diría que la comida era la mayor necesidad”, explica Virtue.
Después de la visita de Virtue, Puertas Abiertas comenzó a movilizarse para llevar ayuda de emergencia a las familias más afectadas. Hasta ahora, 300 familias recibieron canastas con 80 kg de maíz, 25 kg de arroz y 25 kg de frijol.
“Ahora tengo qué comer”
La familia de Dennis fue una de las que recibió una canasta. “Gracias por los alimentos que nos enviaron. Será de mucha ayuda para nosotros y para las familias con quienes vamos a compartir”, dice él. “Antes no tenía nada, pero ahora tengo qué comer”, comenta Tesa, quien también fue ayudada.
Virtue explica que este trabajo es fundamental porque, incluso en situaciones como estas, la corrupción impide que la ayuda humanitaria llegue a las víctimas.
Un conductor de tuk-tuk (triciclo usado en el transporte público) le dijo a Virtue que su tía estaba desplazada en un campo de refugiados y no logró recibir ayuda porque los recursos fueron desviados antes de llegar a ella. “Estoy muy feliz de que ustedes estén distribuyendo los alimentos directamente a las familias. Ese es el mejor modo de hacer este tipo de trabajo”, dijo el conductor.
Apenas el primer paso
A pesar de la importancia de esta distribución inicial de alimentos, todavía queda mucho por hacer. Las familias están separadas y los niños no tienen acceso a la educación. Virtue comparte que el trauma que estas personas vivieron es tan grande que, aun después de recibir las canastas de comida, no podían demostrar alegría.
“Ellos necesitan apoyo psicológico y cuidados postraumáticos. Todos estaban aliviados por recibir alimentos, pero al mismo tiempo, nadie podía sonreír”, cuenta Virtue. Incluso quienes no tienen cicatrices físicas fueron afectados por la violencia, ya sea por perder seres queridos y sus casas o por ver destruidas por completo sus fuentes de sustento.
Los cristianos desplazados necesitan urgentemente tus oraciones. “Hermanos, por favor, oren para que tengamos paz, podamos regresar a nuestras casas y continuar trabajando”, pide Tesa.
FUENTE https://puertasabiertasal.org/cristianos-perseguidos-noticias/300-familias-desplazadas-reciben-alimentos-en-benue







