¿Crees que alguna vez podrías abandonar tu fe y dejar de creer en Dios?
Recuerdo cuando un amigo me hizo esa pregunta. «No», le respondí. Sin embargo, él insistió: «¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar seguro? No sabes lo que te puede pasar en el futuro». Así que mi respuesta final fue: «Efectivamente, no conozco el futuro, así que supongo que podría dejar un 1 % de posibilidad a que deje de creer en Dios, aunque no sé cómo, de qué manera o por cuál motivo».
En aquel momento había comenzado mi maestría en un seminario teológico y tenía mucho que aprender. Hoy, cerca de terminar la maestría y pensando en continuar con mis estudios en teología, y aunque todavía me toca seguir aprendiendo, estoy más seguro que antes de que no hay posibilidad alguna de que deje de creer en Dios. Aún más, estoy convencido de que nadie puede, en cierto sentido, dejar de creer en Dios.
En verdad, se puede afirmar que los ateos no existen. Déjame explicarte a qué refiero.
Ateos prácticos y especulativos
Francis Turretin, uno de los teólogos reformados más importantes del siglo XVII, y quien fue pastor de la iglesia de Ginebra, afirmó en su obra magna Institución de teología eléntica (ITE) que realmente no existen los ateos. ¿Cómo es esto posible?
Para empezar, Turretin reconocía que obviamente hay sentidos en que sí «existen» los ateos. De hecho, él argumentaba que pudiéramos hablar de dos tipos de ateos: los especulativos y los prácticos.
Los primeros en cuanto a su fe, niegan la existencia de Dios; los segundos en cuanto a su forma de vida, reconocen que existe, pero no lo adoran (y viven como si Dios no existiera o desearían en su corazón que Dios no existiera) (ITE, I. III, p. 178).
Para Turretin, el caso más común es el «ateo práctico». Se refiere a aquella persona que vive la mayor parte del tiempo como si Dios no existiera, aunque no niega su existencia explícitamente. Esto es algo común en América Latina. Hay muchas personas que aseguran creer en Dios, pero en la práctica viven sin dejar que Él dicte su conducta.
Además, los ateos prácticos no solo viven alejados del Dios verdadero, sino también entregados a dioses modernos: la satisfacción personal, la ambición profesional y financiera, los placeres del mundo, y tantos otros ídolos actuales. A estas personas debemos mostrarles el evangelio, pues no lo conocen realmente, aunque afirmen la existencia del Creador del universo.
El otro tipo de ateo que propone Turretin es el más difícil de comprender: los ateos especulativos. Estos niegan explícitamente la existencia de Dios: «Afirman palabras ostentosas y blasfemias que deberían llamarse especulativas» (ITE, I.III, p. 178). Sin embargo, Turretin los considera una farsa y emplea tres argumentos para demostrar la falsedad de ellos y que considero también aplicables a los ateos prácticos.
1. El intelecto humano reconoce a Dios
El primer argumento de Turretin apela a la imago Dei del ser humano: «Todo hombre ha sido implantado con el conocimiento de Dios y un sentido de divinidad, del que el hombre no se puede librar, como no se puede librar de su intelecto» (ITE, I. III. p. 178 ).
Nuestra constitución a imagen y semejanza de Dios (Gn 1:26) viene con unos preceptos que nadie puede borrar porque son inherentes a nuestra existencia: «Pero lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente» (Ro 1:19).
La capacidad creativa humana está dispuesta por el Creador, de modo que toda obra nuestra es un reflejo de la magnificencia divina
Esto significa que lo inherente a la naturaleza humana no es la negación de Dios, sino el reconocimiento de Su existencia. Entonces, no es posible que algún ser humano, realmente en el fondo de su ser, crea que no existe Dios, sino que en su necedad y corrupción trata de convencerse en su corazón de que no hay Dios (Sal 14:1)
La razón humana ha sido creada por Dios, por lo que todo ser humano tiene un anhelo profundo que solo Dios puede satisfacer. El problema es que los ateos especulativos toman ese deseo y lo tuercen, buscando llenar ese espacio diseñado por Dios para adorarle con falsos dioses.
«Dios ha puesto el conocimiento de sí mismo en los corazones humanos desde el inicio. Pero este conocimiento ha sido invertido en [ídolos] de madera y piedra y ha contaminado la verdad», comenta Juan Crisóstomo, padre de la iglesia del siglo IV.
2. La conciencia moral humana reconoce a Dios
Turretin sigue argumentando que incluso un pecador empedernido es acusado por su conciencia, la cual reconoce la existencia objetiva e irrefutable del bien y el mal. Esa ley moral es testimonio de la existencia de un Juez supremo, Dios, quien existe aunque los seres humanos quieran poner su mente por encima de Él y ahogar la voz en sus corazones que los acusa por sus pecados.
Aunque los hombres impíos desesperada y frecuentemente intentan sacudirse [la ley en su corazón], no pueden. Por un tiempo puede parecer que se hayan vuelto insensibles y su conciencia esté adormecida, pero eventualmente perfora su corazón con severos dolores, porque involuntariamente son hechos cautivos y sienten profundamente a quien estaban intentando ignorar [a Dios] (IET, I. III. p. 179).
Turretin está elaborando sobre la base de las palabras de Pablo (Ro 2:14), quien enseñó que incluso los gentiles, que no tienen la ley mosaica como norma, son acusados por su conciencia. Esta es la ley en su «naturaleza» (RV60) o «instinto» (NBLA). Es decir, que incluso las personas más terribles de la historia —Turretin pone como ejemplos a Nerón y Calígula— son acusadas por su conciencia. Es en este punto que el ser humano toma la decisión de ser «necio» y continuar negando la existencia de Dios (Sal 14:1-3).
Cabe resaltar que Turretin no está afirmando que todos los pecadores se arrepentirán. Lo que afirma es que todo ser humano, debido a su condición humana, tiene conciencia de Dios —impartida por Él mismo— suficiente para poder aceptar la existencia de Dios. Por eso «no tienen excusa» y «profesando ser sabios se volvieron necios» (Ro 1:20-22).
3. La obras humanas reflejan a Dios
El argumento final de Turretin con respecto a la inexistencia de los verdaderos ateos es el reflejo de Dios en las obras de los hombres que inevitablemente apuntan a Dios. «Dios se ha manifestado tan claramente en las obras de los hombres que incluso por sensaciones puedan encontrarlo (Hch 17:26-27), de modo que no puedan ni abrir los ojos sin ser inmediatamente confrontados con la majestad y esplendor de tan grande deidad». El argumento de Turretin interpreta el del apóstol Pablo:
Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros (Hch 17:26-27).
Esto quiere decir que incluso aquellos que afirman ser ateos producen obras que apuntan hacia Dios como verdad última. Este es el caso de los poetas a los que se refirió Pablo en su predicación en Atenas, y que puede extenderse a los filósofos y científicos modernos. Esto apoya la idea de que nadie puede negar la existencia del Ser divino, porque las mismas capacidades humanas están allí —en nosotros— para que podamos buscar a Dios en alguna manera.
No hay descubrimiento comprobado que descalifique la existencia de Dios. Todo lo contrario, el quehacer científico señala a Sus atributos (Su intelecto, Su omnipotencia, etc.). Aún más, toda tarea, avance o ingenio humano procede en última instancia de Dios. La capacidad creativa humana está dispuesta por el Creador, de modo que toda obra nuestra es un reflejo de la magnificencia divina.
Un asunto de rebelión
La Escritura no afirma que los ateos existen, sino que hay necios que se esfuerzan por afirmar que Dios no existe (Sal 14:1; 53:1). Sin embargo, todos en el fondo de su intelecto, corazón y conciencia reconocen que Dios existe, y proceden a callar esa voz interna con su necedad.
¿Qué hacer frente a esto? La Biblia es clara. Nosotros no somos mejores que ellos, y el único motivo por el que estamos en «este lado» de la fe es por la obra y la gracia de Dios. Por lo tanto, debemos ser humildes con aquellos que afirman no creer en Él (1 P 3:15).
Entonces, ¿cómo abordar a estas personas? Seguramente conoces a alguien cercano a ti que no solo es indiferente con Dios, sino hasta sarcástico diciendo que no existe o que no se puede probar Su existencia. A lo mejor, si afirma que existe un ser divino, piensa que podría ser cualquiera de los que profesan las distintas religiones. En el ateísmo actual, las mayores objeciones tienen un tinte intelectual, por lo que hacer más preguntas que afirmaciones suele ser el camino más fructífero.
Por ejemplo, haz preguntas sobre aspectos morales: ¿Cómo se define el bien y el mal? ¿Puede realmente el bien ser relativo? ¿Puede ser objetivo si no hay un ser fuera de los humanos que lo defina? Hacer este tipo de preguntas lleva a las personas a reflexionar y puede ser un buen camino para instalar las primeras «semillas» de duda sobre su «ateísmo». Con el favor de Dios, será una apertura al mensaje de evangelio, que es nuestro objetivo final.
Por otro lado, hay quienes han sido desafortunadamente heridos por gente que profesando ser cristiana ha hecho mucho daño (Ro 2:24) y viven una vida disoluta (1 Co 5:1). En estos casos, el ateísmo es más emocional que lógico, y el mejor camino será mostrar a Dios en nosotros: «Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley» (Gá 5:22-23).
Es fundamental que la gente vea algo distinto en nosotros: un matrimonio saludable, un trabajo íntegro, un carácter benigno. No seremos perfectos, pero cuando Cristo se muestra en nuestra carácter, nuestra predicación del evangelio es adornada aunque no nos demos cuenta.
Espero que estos consejos y argumentos te animen a compartir el evangelio con aquellos que se llaman «ateos», sabiendo que su ser reconoce en lo profundo que Dios existe.
Bruno Ysla es un estudiante de Master of Theology (ThM) en el Seminario Teológico de Dallas (DTS) y creador de contenido cristiano. A través de su canal de YouTube e Instagram, explica temas bíblicos y teológicos con el objetivo de fortalecer la fe de nuestros hermanos en Cristo.
fuente https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/ateos-no-existen/








