Tu apoyo ayudó a Jenny a superar el trauma del atentado que acabó con la vida de su padre. Ahora, ella ayuda a otros creyentes traumatizados por la violenta persecución en Siria.
El sol se escondía tras los edificios después de un cálido domingo de junio. Jenny estaba sentada con su amiga fuera de su modesta casa de dos habitaciones en el barrio de Dweila, en Damasco.
Como tenía visita, ese día no fue a la iglesia. Se quedaron las dos hablando, disfrutando de la brisa que aliviaba el calor del verano. Y entonces, alrededor de las 18:30h, el sonido de disparos se abrió paso a través del silencio de la tarde… seguido de una explosión.
Como casi todos los sirios, Jenny estaba demasiado familiarizada con los sonidos del combate; los 14 años de larga guerra civil en Siria han dejado huella en los mejores años de sus 25. «Oí los disparos, pero no se oían cerca; menos de un minuto después, se produjo la explosión», recuerda Jenny. «El ruido fue tan fuerte que era como si hubiéramos vuelto al momento del conflicto hace 10 años».
Pero los sonidos que habían oído no eran de aviones de guerra ni de un nuevo grupo insurgente. Lo que Jenny no sabía en ese momento es que la explosión había ocurrido en Mar Elías, la iglesia donde su padre había acudido al culto de la tarde… y donde también habría estado ella de no haber recibido visita.
Poco después, Jenny se enteró de que la explosión había sido cerca de su casa. «Empecé a inquietarme cuando llamaron a mi amiga», recuerda. «[La persona que llamó] nos dijo que la explosión había sido en la iglesia de San José, que estaba cerca de nosotras. Recibimos otra llamada en la que nos dijeron que [en realidad] había sido enfrente de la iglesia greco-ortodoxa de Mar Elías. Empecé a ponerme nerviosa [y] cogí el teléfono para llamar a mi padre».
«Llegué a la iglesia y vi a las fuerzas de seguridad rodeando el edificio; había gente por todas partes, algunos tirados por los lados de la calle, otros gritaban. Me sentía como en una película, no parecía real»
Entonces llamó otra persona: «Nos contó que un kamikaze había detonado una bomba en la iglesia de Mar Elías, y que todos los que estaban dentro habían muerto».
«No parecía real»
Jenny nos cuenta en su testimonio (disponible en vídeo) que se quedó aturdida por la noticia. «En ese momento sentí que todo dejó de existir. Me sentí desconectada», comenta. «Lo primero que pensé es que tenía que llegar junto a mi padre como fuera, porque sabía que había ido al culto allí. No paraba de temblar; tuve que sentarme porque ni me tenía en pie». }
Jenny se reunió con su hermana y las dos mujeres comenzaron a buscar a su padre desesperadamente. «[Las fuerzas del orden] se negaban a dejarme entrar porque esperaban una segunda explosión», comenta Jenny. De repente, al oír la negativa y sentirse abrumada por la emoción, la hermana de Jenny abofeteó a uno de los hombres. «En momentos así son las emociones las que te rigen», añade Jenny.
Un familiar les contó que había visto a su padre salir de la iglesia, pero a Jenny le preocupaba no conocer toda la historia. «Sentía que [mi pariente] me estaba ocultando algo», explica. «No me podía sostener la mirada. Dijo que mi padre seguía vivo y se lo había llevado una ambulancia».
Las fuerzas de seguridad ordenaron a la multitud que se fuera, temiendo que hubiera otro atacante entre la gente.
Finalmente, Jenny y su hermana descubrieron que habían llevado a su padre al hospital en un taxi, no una ambulancia. También averiguaron que había sido herido de gravedad durante la explosión y necesitaba atención urgente. «A pesar de que se le salían los órganos internos, era el último de la fila para ser trasladado», describe Jenny.
«Las iglesias de todo el mundo nos mostraron su cariño. Así supimos que la genten os quería, compartía nuestra tristeza y se sentía conmovida por lo que habíamos pasado»
«Nunca olvidaré esa imagen»
Se subió a la parte de atrás de la moto de un amigo y fueron juntos de hospital en hospital, buscando a su padre. Al final descubrieron a cuál lo habían llevado. «El marido de mi tía y mi otro tío llegaron antes que yo», recuerda Jenny. «Me dijeron que estaba en el quirófano». Un enfermero les informó de que el padre de Jenny se encontraba «estable», «su abdomen estaba abierto» y la cirugía podía llevar horas.
Jenny no podía hacer nada: «Me senté allí a esperar y orar».
Mientras tanto, un amigo de la familia y una de las tías de Jenny, que también habían asistido al culto en la iglesia de Mar Elías, fueron declarados muertos en ese mismo hospital. «Lo dijeron justo delante de mí», cuenta Jenny. «La familia de mi tía lloraba y gritaba. Nunca olvidaré esa imagen. Levanté la mirada y oré: “Por favor, Señor, estoy dispuesta a asistir [a mi padre] el resto de su vida, así que, por favor, no me hagas pasar por lo mismo que a ellos”».
Pero pronto llegó la noticia: su padre había fallecido.
Más adelante, la madre de Jenny le contó a su hija lo gravemente herido que había estado su padre. Sus ojos estaban tan dañados que habría quedado ciego de por vida. Debían amputarle las piernas, y sus órganos internos habían sufrido lesiones.
Cuando se enteraron de que su padre había muerto, las hermanas se vinieron abajo y culparon abiertamente al personal de seguridad del hospital. «A nuestra familia le entró miedo; pensaron que debían llevarnos a casa porque estábamos jugando con fuego», recuerda Jenny.
Las hermanas volvieron a casa y pronto llegaron personas de la iglesia. En retrospectiva, Jenny puede ver cómo Dios obró a través de su iglesia local y de la familia mundial de Dios. «El líder de la iglesia estuvo a nuestro lado en todo momento», comenta Jenny. «Boutros y Youhana no se separaron de nosotras. Organizaron el funeral y el culto, [y] recibimos apoyo económico y moral. Todos nos mostraron su cariño, incluso todas las iglesias internacionales. Sabíamos que había gente que nos quería, que compartía nuestro dolor, a la que le había afectado lo que nos había pasado».
Después del atentado, Jenny se refugió en el Señor. «La fe se hace presente, por supuesto», dice.
«Los primeros días, estaba conmocionada. Tras volver del hospital y al día siguiente, no podía hablar ni llorar. Amo el tipo de relación que tengo con Dios. Estaba segura de que las personas que fueron asesinadas se cuentan entre los santos. Mi padre fue elegido por Dios. Creo que él está con Jesús, sin duda».
Describe a su padre como «mi compañero, mi consejero, mi escudo y mi auxilio», y añade que extrañan mucho su presencia. «Nuestro hogar es menos seguro sin él», cuenta. «Le echamos mucho de menos, la casa está sombría desde que le perdimos».
Jenny ve la mano de Dios en la forma en que su padre y ella se volvieron aún más cercanos en la primera mitad de 2025. «Cuando colapsó el antiguo régimen [en diciembre de 2024], mi padre renunció [a su trabajo]», dice. «Estar en casa todo el tiempo nos hizo sentirnos todavía más unidos a él. Es como si el Señor nos hubiera regalado este tiempo juntos».
En ese tiempo, Jenny se mudó de Suwayda, una ciudad del sur de Siria, a casa de sus padres en Damasco. «Puede que el Señor quisiera que viviera este momento con mis padres», comenta. «Habría sufrido mucho más si mi padre hubiera muerto cuando yo no estaba».
Jenny está segura de que su padre ha alcanzado la vida eterna, lo que supone un consuelo. «Tenía una relación íntima con el Señor», cuenta. «Algún día nosotros también resucitaremos. La muerte es solo un sueño en la esperanza de la resurrección».
«¿Por qué?»
Jenny aún no sabe por qué tuvo que morir su padre o por qué el terrorista atacó esa noche de junio. «No sé por qué lo hizo [el terrorista]», dice. «Tal vez otros aseguren que querrían pegarle o incluso matarlo si lo tuvieran delante. Yo no; solo le preguntaría: “¿Por qué? Soy una persona sentada en una iglesia y orando. No lucho contra ti ni te hago daño, solo rezo, y vienes a mi iglesia a matarme. Es completamente inadmisible”».
Jenny es una de las cristianas sirias graduadas en la escuela de terapia dirigida por un colaborador de Puertas Abiertas. «Sabía que tenía síntomas de trauma y estrés postraumático, así que intenté ayudarme a mí misma y superar lo que estaba pasando usando los métodos que podían servirme de apoyo», cuenta.
Empleó su formación para procesar no solo su propio duelo sino también el de otros.
Hace poco, Puertas Abiertas comenzó a ofrecer terapia psicológica postraumática a cristianos sirios, y Jenny trabaja allí como voluntaria. Los terapeutas como ella asisten a niños y mujeres afectados por el atentado y por la violencia en Suwayda y sus alrededores.
«Para mí es importante ayudar a las personas que han pasado por lo mismo que yo», comenta. «Es mi deber estar a su lado y apoyarles, igual que otros estuvieron conmigo en su momento».
No se sabe cuánto durará el proceso. «Es diferente en cada caso», explica Jenny. «Una persona puede ser capaz de superarlo antes que otra. Es mucho más complicado sobreponerse para los que estuvieron dentro de la iglesia. El miedo que sintieron… necesita tiempo. Pero el tiempo cura; el tiempo y la ayuda».
No hace mucho, Jenny volvió a Mar Elías por primera vez. «Fue muy difícil por el lugar mismo», dice. «Cuando entré en la iglesia, podía ver a mi padre en la misma posición en el suelo… Me costó mucho lidiar con eso».
Jenny comenta que no puede dejar de ir a la iglesia porque «siempre han intentado perseguirla y acabar con ella. Los cristianos sufren persecución en todo el mundo, pero el Señor está con nosotros. La cristiandad permanece intacta e inalterada tras este incidente; solo se ha hecho más fuerte».
Con convicción, añade: «Dios es todo bondad. Cuando acudimos a Él, no hay un lugar mejor.
Necesitamos estar presentes en nuestra iglesia. Espero que vuelvan a estar llenas; debemos acabar con el terror. Sufrimos por lo que pasó, pero volvimos a asistir a los cultos. El temor está ahí; no se puede esconder. La gente tiene miedo por lo que está pasando en el país. Casi todas las minorías están siendo perseguidas».
Pero Jenny sabe que ella y otros cristianos sirios deben continuar. Necesitan fortalecerse para que el resto de cristianos en Siria puedan vivir sus vidas para Jesús.
Una oración por Jenny
Señor, pongo en Tus manos a Jenny y te pido que sigas sanando las heridas que el atentado ha dejado en su vida. Ayúdala a vivir con la pérdida de su padre, llevando el duelo de la mejor manera, contigo. Fortalece también a los niños que vivieron esa tragedia, consuela sus corazones y ayúdales a encontrar paz y esperanza en Ti, sobre todo a través de colaboradores locales y voluntarios de atención postraumática como ahora Jenny. Gracias por los cristianos como ella que sirven llevando atención y consuelo a quienes han sufrido tanto. Sigue fortaleciéndolos y úsalos para llevar Tu amor y restauración a muchas vidas. En el nombre de Jesús, amén.
FUENTE https://www.puertasabiertas.org/es-ES/actualidad/todos/resisten-jenny/









