Maryam Hadayat, una estudiante de cuarto grado de una escuela primaria pública en Gujranwala, Pakistán, ha sido acosada continuamente por sus compañeros de clase musulmanes.
"Mis compañeros insultan mi religión", dijo Hadayat recientemente. "Dicen que el cristianismo no es una buena religión y que debería convertirme al islam".
Durante semanas, Hadayat intentó tolerar el acoso. Lo denunció varias veces a sus profesores, pero nadie tomó medidas. Finalmente, cuando se le acabó la paciencia, se fue a casa llorando y se lo contó a su abuela.
Al día siguiente, su abuela fue a la escuela a confrontar a la maestra de Hadayat. Esta prometió investigar el asunto, pero en cuanto la abuela se fue, la regañó, advirtiéndole que si volvía a quejarse en casa, la expulsarían de la escuela.
Esta respuesta dejó a Hadayat traumatizada, sin un espacio seguro en la escuela.
“Estos no son maestros”, dijo la abuela de Hadayat. “El gobierno ha contratado a clérigos para predicar el islam en lugar de enseñar”.
El caso de Hadayat no es único en Pakistán. Los niños cristianos en las escuelas públicas de todo el país enfrentan un trauma similar. En medio de las clases sobre las materias escolares habituales, los profesores suelen asumir la responsabilidad de predicar el islam. Muchos declaran con valentía que la Biblia está "corrupta", se burlan de la Trinidad y llaman blasfemos a los cristianos por creer que Jesús es el Hijo de Dios. Otros presionan directamente a los niños para que abandonen su fe cristiana y se conviertan al islam.
La discriminación también se ve reforzada por los compañeros. Los compañeros musulmanes a menudo se niegan a comer o beber de los mismos utensilios que los niños cristianos. Si lo hacen, lo presentan como un "privilegio" otorgado por el islam. En innumerables ocasiones, a los estudiantes cristianos se les dice que se conviertan al islam si desean ser respetados.
Lo ocurrido con Hadayat no es un acto aislado de prejuicio; refleja un problema sistémico profundamente arraigado en el sistema educativo de Pakistán. Durante décadas, el gobierno de Pakistán ha ignorado este patrón de discriminación, permitiendo que profesores y maestros perpetúen este comportamiento dentro de las instituciones educativas.
En un país donde el islam está presente en todas las asignaturas, incluyendo urdu, inglés, estudios sociales e incluso ciencias, a los estudiantes de religiones minoritarias se les recuerda constantemente que no pertenecen. Para completar una licenciatura, el islam es una asignatura obligatoria que todos los estudiantes, independientemente de su fe, deben cursar. ¿Cuánta presión más ejercerá el Estado sobre las minorías antes de reconocer el peso de esta injusticia?
La educación debe empoderar, no humillar. Debe construir futuros, no destruir identidades. El Estado debe intervenir urgentemente para prohibir que los maestros y profesores discriminen o humillen a los estudiantes por su fe. Si Pakistán continúa ignorando estas injusticias, niños como Hadayat seguirán creciendo con heridas mucho más profundas de las que el aula puede sanar.
fuente https://persecution.org/2025/09/24/christian-students-in-pakistan-face-relentless-harassment-at-school/








