Finalmente, después de toda tu formación, oración y espera, recibes una invitación de tu primera iglesia. Estás eufórico y decidido a hacer un gran trabajo. Son el pueblo de Dios, y Él, en su gracia, te ha permitido servirles como su pastor. Tienes muchas ideas para convertirla en una iglesia más fuerte, con mayor solidez doctrinal y más centrada en Cristo.
Tres años más tarde, luego de una serie de cartas anónimas, tensos enfrentamientos con diáconos y rencorosas reuniones administrativas, usted es despedido sumariamente del cargo que tanto anhelaba.
¿Qué pasó? ¿Qué podrías haber hecho diferente? ¿Podrías haber evitado este desenlace?
Ciertamente, algunas iglesias están llenas de miembros no regenerados que no obedecen al apóstol Pablo. Algunas iglesias no siguen el liderazgo de un pastor, por muy espiritual o hábil que sea. Pero los conflictos suelen surgir porque pastores bienintencionados cometen errores de novatos, errores que ocurren en la intersección entre el ideal y la realidad.
Estos son los cinco errores más comunes que he observado que cometen los nuevos pastores.
1. Tener altas expectativas de la iglesia.
Todo pastor llega a una iglesia con una idea de lo que necesita cambiar para que esté a la altura de su estándar de auténtica verdad bíblica. Incluso antes de llegar, visualiza una estrategia para llevar a la iglesia "donde debe estar". Por admirables que sean muchos de estos objetivos, su implementación deja a los miembros sintiéndose como peones en sus manos. Si está decidido a enseñar a la iglesia una doctrina específica o a guiarla a adoptar cierto tipo de gobierno, quienes lo han llamado no pueden evitar interpretar sus cambios inmediatos como "Déjenme mostrarles, desfavorecidos, lo que han estado haciendo mal todo este tiempo".
El pastor puede tener razón, pero también puede tener razón y acabar desempleado.
Aunque parezca contradictorio, la mejor estrategia para cualquier pastor que asume un nuevo ministerio es reducir las expectativas de la iglesia, pero aumentar las suyas. En otras palabras, en lugar de tener una lista de cosas que la iglesia debe hacer, debería tener una lista de acciones que debe llevar a cabo. Sus esfuerzos deben centrarse en predicar bien, amar a su gente, ganar a los perdidos, visitar a las personas en sus trabajos y hogares, e invitar a los miembros a su iglesia. La gente seguirá con mayor facilidad a un hombre que trabaja duro y los ama. No hay atajos hacia la credibilidad, pero sí hay un camino directo.
2. No abrazar la cultura única de la iglesia.
Al igual que las familias, las iglesias tienen sus propias peculiaridades, idiosincrasias, preferencias y tradiciones, todo por razones históricas, teológicas o sociológicas. Ignorarlas no solo es insensato, sino también peligroso. Lo que puede parecer banal o vulgar para un pastor novel puede ser una institución o convicción teológica muy querida para los miembros que lo llamaron y le pagan el salario.
Pequeños desaires a la cultura de la iglesia pueden crear una antipatía entre algunos que más tarde socavará la capacidad del pastor de hacer los cambios sustanciales de convicción que la Biblia requeriría.
3. Invocar la autoridad pastoral sin ganar credibilidad pastoral.
Un pastor solo tiene la autoridad que la congregación le otorga. Si bien la Escritura claramente otorga al anciano autoridad para enseñar y liderar (p. ej., Hebreos 13:17), este puede facilitar o dificultar que sus miembros lo sigan. Cualquier pastor que tenga que recordar constantemente a la iglesia que él es el líder ya ha perdido su liderazgo.
El liderazgo se otorga en virtud del cargo, pero solo se mantiene mediante el respeto y el amor mutuos entre el pastor y los miembros. La credibilidad se logra al caminar juntos por la vida en medio del dolor, la alegría, los desastres, las bodas, los funerales, las visitas al hospital, las cenas de comunión y, especialmente, la enseñanza fiel de la Palabra de Dios.
Los pastores que intentan cosechar los dividendos de la autoridad sin invertir en credibilidad rápidamente se encontrarán en un déficit de liderazgo.
4. Confundir preferencia y convicción.
Cuando un pastor insiste en sus preferencias y sugiere que son verdades bíblicas, perderá confianza e influencia. Los miembros de la iglesia tienen el Espíritu Santo y la Biblia a su disposición, al igual que él, y generalmente reconocerán la diferencia. Además, si distorsiona las Escrituras para justificar sus exigencias egoístas, ellos también lo harán.
Un pastor sabio siempre practicará la “verdad en el etiquetado”, siendo honesto con la iglesia sobre las cosas que surgen de la enseñanza bíblica clara y las cosas que surgen de sus propios gustos santificados.
5. Mostrar miedo o enojo ante la oposición.
Un pastor puede, con razón, sentirse herido o enfurecido por el trato que recibe. Sin embargo, lo que no debe hacer es demostrarlo. La ira genera ira, pero la calma ante el insulto o la oposición es una importante muestra de liderazgo. El autocontrol produce control de la situación.
De igual manera, si el pastor muestra temor cuando alguien discrepa o se resiste a su liderazgo, los tiburones olerán sangre en el agua y se desatará una frenética persecución. El temor es inherentemente contradictorio con la confianza. Un pastor que no muestra temor ante ataques o acusaciones se ganará cada vez más la confianza de su rebaño.
Las dificultades y las crisis le llegan a todo pastor, independientemente de su temperamento o experiencia. El reto es aplicar la sabiduría divina, la humildad genuina y el liderazgo de servicio para que sus acciones mejoren la situación, no la empeore.
Traducido por Felipe Barnabé.
Hershael York es decano de la facultad de teología y profesor de predicación cristiana en el Seminario Teológico Bautista del Sur. También es pastor de la Iglesia Bautista Buck en Frankfort, Kentucky.
FUENTE https://coalizaopeloevangelho.org/article/5-erros-de-pastores-novatos/







