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Ayuda a tu esposa a prosperar en su maternidad
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Hay un meme del Día de la Madre que dice: «Mamá, hemos contratado a varias personas para que te sustituyan mientras te relajas el Día de la Madre». En la imagen aparecen ocho personas —desde un taxista hasta un chef— intentando hacer todo lo que hace una madre. Un joven marido se ríe de ese divertido meme. Pero luego, en algún momento, trata de sustituir de verdad a su esposa y hacer todo lo que ella hace por sus hijos pequeños, y el meme empieza a parecer más una realidad.


Con seis hijos, solía temer el retiro de mujeres de nuestra iglesia. Todavía recuerdo esos largos días de calentar biberones, cambiar pañales, vestir a mis hijos, poner el desayuno, el almuerzo y la cena en la mesa, tratar de limpiar la cocina, ayudar con las tareas de la educación en casa, llevarlos a los entrenamientos deportivos, resolver conflictos, lidiar con problemas de disciplina e intentar consolar las lágrimas. No paraba ni un momento desde el viernes hasta el domingo y me dejaba exhausto. Las historias de una madre que a media tarde seguía en pijama se ajustaban demasiado a mi realidad. Después de contar los segundos hasta que mi esposa llegaba a casa, le decía en broma: «Cariño, tengo que darte un aumento de sueldo».


No me malinterpretes: amo a mis seis hijos y me encanta ser papá. Pero tratar de hacer de mamá era para mí el fin de semana más duro del año.


Joven esposo, tu esposa necesita que sepas algo: aunque ser madre es para ella una gran bendición y gozo, a menudo también es su carga más pesada. Tienes que saberlo para poder apoyarla bien en esta etapa del matrimonio.


Tu esposa sabe que no eres Jesús y que no puedes hacer milagros, pero ¿sabe que compartirás con ella sus cargas, que no tiene que llevarlas sola?


 

Me viene a la mente un pasaje que, aunque no es un paralelismo directo con tu situación, ofrece principios que te ayudarán a convertirte en el tipo de esposo que apoya a su esposa durante los maravillosos pero agotadores años cuando los hijos son pequeños. En Lucas 7:11-17, una mujer pasa junto a Jesús en medio de una gran multitud durante un cortejo fúnebre. Lucas nos dice que era una viuda cuyo único hijo acababa de fallecer. En el mundo antiguo, que una mujer se viera privada tanto de su esposo como de su hijo era una catástrofe. Considera lo que hizo Jesús, el buen Pastor, junto con tres principios extraídos de Sus acciones que pueden ayudarte a pastorear mejor a tu esposa.


1. Mírala en profundidad

Lucas nos dice que, de entre toda la gente de la multitud, el Señor la vio. «Al verla» (Lc 7:13). Me encanta la sencillez de esa afirmación. Antes de poder cuidar bien de una persona, incluida tu esposa, tienes que verla.


La vida familiar se complica considerablemente cuando empiezas a tener hijos. Durante la fase de luna de miel del matrimonio, es fácil ver a tu esposa; es la única persona además de ti en tu casa. La suya es la única voz que oyes. Las suyas son las únicas preocupaciones de las que tienes que ocuparte. Ella es la única persona a la que tienes que complacer.


Pero una vez que se añaden los hijos a la ecuación, sobre todo si empiezan a llegar como si estuvieran en una cinta transportadora, puede resultar mucho más fácil ver a los niños y sus preocupaciones antes que a tu esposa. Después de todo, los niños son ruidosos, no les da vergüenza gritar hasta que los oyes por encima del bullicio de tu casa. No son considerados; empujarán con sus cuerpecitos a tu esposa para colocarse delante de ti. No les importa tu intimidad ni el tiempo a solas que necesita tu matrimonio; se meterán en tu cama justo entre tú y tu esposa.


¿Qué puede hacer un esposo? Mira más allá de la multitud que hay en tu casa y asegúrate de ver —de realmente ver— a tu esposa. ¿Ves un rostro preocupado, cansado o derrotado? Si ves algo distinto a un rostro que irradia: «¡Estoy genial!», entonces arremángate y ponte a pastorear. La teoría que compara a la esposa con un termómetro y al esposo con un termostato encierra una sabiduría auténtica. El semblante de tu esposa dice mucho sobre cómo la estás guiando, y sobre cómo necesita que la guíes.


2. Conéctate con ella emocionalmente

Lucas agrega que Jesús «tuvo compasión de ella, y le dijo: “No llores”» (Lc 7:13). El matrimonio es un maravilloso regalo de Dios (Pr 18:22) y los hijos son su bendición (Sal 127:5), pero no vivimos en el Edén. Fuera del huerto, los hijos pueden traer dolor, a veces un gran dolor. ¿Tratas de entender lo que está viviendo tu esposa? ¿Tratas de conectar con sus emociones? ¿O se siente aislada y sola? ¿Sabe ella que de verdad te preocupas por ella?


Puede que no tengas la inteligencia emocional de tu esposa, pero para ella significará muchísimo poder compartir sus sentimientos más profundos contigo y saber que la escucharás con sinceridad. Ella sabe que no eres Jesús y que no puedes hacer milagros, pero ¿sabe también que compartirás con ella sus cargas emocionales, que no tiene que llevarlas sola?


Si quieres ayudar a tu esposa y a tus hijos a crecer a la imagen de Cristo, entonces sé para ellos un ejemplo de esa imagen


 

No te duermas cada noche ajeno a sus dificultades. Ámala lo suficiente como para orar por ella, sobre ella y con ella. Como un sacerdote en el hogar, intercede por ella y por tus hijos. Recuérdale que estás ahí para ella, pase lo que pase. Mejor aún, recuérdale que Jesús está con ella.


3. Ayúdala de forma práctica

Finalmente, Lucas nos dice que Jesús actuó (Lc 7:14). Eso es lo que los hombres quieren hacer, ¿verdad? Bueno, no siempre, y especialmente no durante la etapa en la que los niños son pequeños. En la mente de los hombres ronda la mentira de que las mujeres son cuidadoras por naturaleza, así que está bien dejar que sean ellas solas las que se encarguen de todo el cuidado. ¡No te lo creas, joven esposo! Acércate a tus hijos cuando lloren. Escúchalos cuando tengan miedo. Date cuenta de cuándo se sienten incómodos; cámbiales los pañales; haz que eructen. Dale un respiro a tu esposa. Mi carne sufría con la anticipación de los retiros anuales de mujeres de nuestra iglesia, pero mi corazón se regocijaba por darle a mi esposa un fin de semana de descanso.


Si quieres ayudar a tu esposa y a tus hijos a crecer a la imagen de Cristo, entonces sé para ellos un ejemplo de esa imagen. Adopta Su mentalidad y considera a tu esposa y a tus hijos como más importantes que a ti mismo (Fil 2:4-5). Al dar, recibirás; al morir, vivirás y te regocijarás. Así que, sirve bien a tu esposa cuando tus hijos sean pequeños… y cuando sean mayores también.


Mis seis hijos son ya todos jóvenes adultos. Cuando nos reunimos, contamos viejas historias y nos reímos. Cuando eran pequeños, todo parecía abrumador desde el punto de vista económico, físico y espiritual. Pero hay algo que puedo decirles, jóvenes esposos: Dios siempre es fiel, y Jesús siempre es suficiente. Los años de la infancia no duran para siempre. Así que disfruta de los buenos dones de Dios que son tu esposa y tus hijos. Confía en Jesús y ama bien a tu esposa, especialmente cuando tienes una multitud de hijos pequeños.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.

Bobby Scott es pastor de Community of Faith Bible Church en la zona de Los Ángeles. Está enamorado de su devota esposa, Naomi, y de sus seis hijos. Es su deseo consumado ser usado por Dios para fortalecer la iglesia urbana, y cree que este objetivo se cumplirá mejor construyendo familias y desarrollando un ministerio sobre la enseñanza de la Palabra de Dios.


fuente https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/ayuda-esposa-prosperar-maternidad/


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